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La clonación de la oveja
Dolly en la segunda mitad de
la década de los noventa
supuso un hito en la
investigación y el
desarrollo de las técnicas
de manipulación genética,
aunque no fue más que un
trámite insalvable en la
carrera científica por
alcanzar el gran objetivo:
la clonación humana. No
obstante, son ya varios los
equipos de genetistas que
han priorizado la clonación
animal frente a la humana,
terreno en el que por un
lado las implicaciones
morales son infinitamente
menores, y por ende los
obstáculos institucionales
se reducen
considerablemente, y por el
otro, las expectativas en
cuanto a los resultados son
especialmente apasionantes,
al existir la posibilidad de
recuperar para el mundo
animales ya extinguidos que
en algunos casos ni quiera
ha conocido nuestra
civilización.
Este es el caso del mamut
Mammuthus primogenius
, el paquidermo lanudo
que sucumbió víctima del
cambio climático de la
última glaciación, y del que
ocasionalmente aparecen
restos en buen estado,
incluso cuerpos enteros en
los helados parajes
siberianos, restos de los
que teóricamente es posible
extraer material genético
para su posterior clonación.
No obstante, y a pesar de
que desde el año 1799 vienen
apareciendo con cierta
periodicidad estos despojos
orgánicos, y que en los
últimos 20 años se ha
anunciado repetidamente la
inmediata clonación de estos
gigantes del Pleistoceno,
tal posibilidad no parece
con las técnicas actuales
del todo factible, dado el
deterioro del ADN que han
sufrido las muestras después
de al menos 12.000 años en
estado inerte, y cuya
reconstrucción con genes de
elefante parece muy
compleja.
Algo muy diferente ocurre
con el Thylacine o Tigre de
Tasmania, -así como con
otros animales recientemente
extintos- un marsupial de
aspecto a medio camino entre
un felino y un can, con
vistosas rayas en sus
cuartos traseros y capaz de
alcanzar 2,90 metros desde
la punta de su pronunciado
hocicó a la cola. El último
ejemplar murió oficialmente
en un zoológico en el año
1936, tras una implacable
campaña de casería
emprendida por los colonos y
auspiciada por las
autoridades australianas,
como medio para evitar que
el thylacine acabará con los
animales de corral, unas
presas fáciles para un
cazador nato como él. Pues
bien, la clave de su futura
clonación está en el
excelente material genético
extraído de un feto de tigre
de Tasmania conservado en
formol desde el año 1866 en
los sótanos del Museo
Asutraliano. El doctor Don
Colgan, Jefe de la Unidad de
Biología Evolutiva del museo
encabeza el proyecto, y cree
factible que con el ADN del
corazón, el hígado, los
músculos y la médula que ha
podido rescatarse, la
reconstrucción de la
secuencia genética será
cuestión de tiempo.
En España es la Unidad de
Tecnología en Producción
Animal del Servicio de
Investigación
Agroalimentaria de Aragón
quién encabeza el primer
proyecto de clonación animal
en nuestro país. El objetivo
es recuperar al bucardo
-Capra pyrenaica
pyrenaica- una subespecie de
cabra pirenáica cuyo último
ejemplar, una hembra que
estaba siendo controlada
mediante radio-seguimiento,
murió en el año 2000. Poco
antes se había extraído
muestras de sus tejidos que
hoy en día se han convertido
en la clave de una
investigación que ya ha
logrado que varios embriones
implantados en cabras
montesas se desarrollen
hasta los dos meses. En
proyecto de clonación
español interviene también
el Instituto Nacional de
Investigación Agronómica de
Francia, centro desde el que
se asegura haber clonado con
éxito bovidos, cabra,
conejos y ratas.
Mientras en China se trabaja
a marchas forzadas para
clonar al que sin duda es
uno de sus símbolos
nacionales, el Oso Panda, y
en Indonesia se logró clonar
en el año 2000 al gaur,
una especie de buey
salvaje, en EE.UU. las
experiencias se han saldado
con un éxito más bien
discreto. En el año 2002 se
saldó con éxito la gestación
en vacas de ejemplares de
banteng, un bóvido
de Bali, abriéndose la
puerta a la clonación de
diversos felinos, antílopes
y bueyes actualmente en fase
de investigación en el
Centro Audubon de
Investigaciones sobre
Especie en Peligro de San
Diego. ¿Clonar dinosaurios?
Por mucho tiempo seguirá
siendo ciencia ficción.
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