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Por  José Gregorio González

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Fanatismo intelectual

Aunque uno no quiera, es imposible no asombrarse ante la tozuda actitud y la mediocridad de algunos personajes que, merecedores de lástima por las taras intelectuales que tan claramente presentan, se autopresentan sin rubor de ningún tipo como defensores del pensamiento escéptico y racional.

Rebozan radicalidad por sus cuatro costados, y por haber llegado a un punto de no retorno, no la ocultan ni se molestan en hacerlo. Al contrario, la expresan abiertamente con un rudo lenguaje, insultante, dialécticamente agresivo e hiriente, como parte de una actitud de superioridad y condescendencia que sin la menor duda se traduciría en agresión física sí pudieran. Los radicalismo me sorprenden, porque en sí mismo son irracionales, y en el que caso que nos ocupa hacen válido el refrán "en casa de herrero, cuchara de palo", ya que se adopta una enfermiza y ciega actitud de negación ante todo lo que huela a misterioso, con furibundos ataques hacia aquellos que se aproximan a los mismos sin esa misma radicalidad, alardeando precisamente del uso de la razón. Deduzco que algunos han perdido parte del equilibrio psicológico echándole tripas y bilis a cada comentario. Se enfadan de verdad y esputan veneno en forma de palabras, como sí la vida les fuera en ello y desde la ignorancia de que en la vida hay cientos de cosas más importantes que el que alguien crea en alienígenas o se trague los consejos de una tarotista. Hay una actitud de vanidad, soberbia y egocentrismo latente en este tipo de comportamientos y una clara pérdida del punto de encaje con la realidad. Ignoran que para la inmensa mayoría de los aficionados e interesados en "los misterios" y para un abrumador porcentaje de quienes investigan o divulgan sobre ellos, la importancia de los mismos es relativa. Estos temas no son el centro del universo, son a lo sumo, temas que despiertan la curiosidad y que pasan a un plano secundario con rapidez frente a muchos aspectos de la vida personal y comunitaria.

El pseudoescéptico los aborda como sí fuesen una cuestión de vida o muerte, un asunto de estado y gravedad que requiere de medidas quirúrgicas cual cáncer intelectual o cultural a extirpar. Con el fanatismo del cruzado se consideran, y llegan incluso a manifestar públicamente, educadores, salvadores de la salud mental y el juicio de nuestra sociedad. Desde su corta visión de la realidad predican que la sociedad, por su propia ignorancia e incultura, vive permanentemente bajo la amenaza de sanadores, presentadores de programas de misterio, vendedores de productos milagros, echadores de cartas, etc, etc., como vampiros que se alimentan de la credulidad de la gente. Ante tan apocalíptico panorama, del que son cómplices también por ignorancia o por dinero los responsables de los medios de comunicación que permiten a esa legión de estafadores campar a sus anchas, ellos tiene una misión que resuma caridad, la de enseñar a la población a ser racional, a discernir, a separar la verdad que ellos ofrecen de la mierda por la que se interesan y que tanto daño les puede ocasionar.

Son pocos pero bien organizados. Tienen sus páginas web, sus foros y listas de discusión, se agrupan para firmar manifiestos, hoy contra los echadores de cartas, mañana contra algún científico que se sale del redil. Cual guerrilla se internan en las filas enemigas con el objetivo de reventar conferencias o actos en los que se expone "la basura pseudocientífica", llamando en directo a echadoras de cartas televisivas para poner de manifiesto que están engañando a la audiencia. Comportamiento a mi juicio macarra, radical, de tribu callejera que ataca sin contemplaciones porque cometes el error de preguntar la hora en su territorio o te rajan con navaja porque no les gusta como les miraste. Tienen el perfil de las sectas destructivas, por su forma de trabajar y organización y porque tampoco hacen ascuas al dinero público y a los placeres que la fama les brinda. Nada que ver con la ciencia y con los científicos, ni con gente mentalmente sana. La mayoría, aunque dispongan de formación y titulaciones universitarias, son considerados mediocres por la mayoría de sus compañeros de profesión pululando como moscas en busca de una subvención o enchufe con la que seguir viviendo del cuento. Ya lo dije una vez y lo vuelvo a repetir, estos tipos que se dicen escépticos son a la ciencia lo que los skin al fútbol, marginales violentos que sólo se representan así mismos y de los que es necesario mantenerse distante por una simple cuestión de seguridad.

Me resulta incomprensible como se puede llegar a esos niveles de intolerancia, a esa fe ciega en que se posee la verdad y en que los demás no sólo están equivocados, sino que por sí solos son incapaces de darse cuenta y necesitan la redención que ellos les ofrecen. Llevo haciendo radio especializada en misterios y anomalías científicas desde hace más de 10 años, difundiendo en palabras de estos mediocres todo tipo de "sandeces", ayudando a que la gente se "embrutezca" al recibir esta información. A día de hoy, no conozco a nadie, ningún oyente y/o protagonista de algún hecho presuntamente misterioso, que se mostrara tan fanático como esta banda urbana de pseudoescépticos, que creyera al píe de la letra en lo que leía o le contaban, que no dudara de la naturaleza de su experiencia, y desde luego, que no tuviera otras cosas mejores a las que dedicar su tiempo.

El escepticismo, el uso del sentido común y la ciencia no son patrimonio de nadie y aquel que tantas cosas asegura que tiene que enseñarnos, precisamente debería de aprenderlas primero. Yo también estoy, antes que muchos de ellos y con mayor conocimiento de causa, contra el fraude, el auténtico, no contra esa consciente manipulación, mezcla de verdades a medias, que ellos suelen denunciar. Meten conscientemente en el mismo saco todo tipo de asuntos, con una clara intención de confundir difamando desde la certeza de que "algo siempre queda", quizá porque piensan que ellos también pueden ser metidos en el mismo saco que la ciencia y alguien se lo puede llegar a creer. Todavía sigo esperando leer algún artículo en el que no insulten, o un trabajo digno sobre las disciplinas en las que están formados y en algunos casos forman a otras personas. Sólo les leo atacando, criticando y metiéndose con estos temas, lo que me lleva a pensar que para ellos son mucho más importantes y vitales que para el común de los mortales. Seguramente atacarlos ofrece algo de emoción y sentido a lo que se me antoja como biografías grises con inconfensables sombras.

Y me voy a otra cosas más importantes, como poner la lavadora, echarme la siesta, o conversar con mis amigos.



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