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Aunque
uno
no
quiera,
es
imposible
no
asombrarse
ante
la
tozuda
actitud
y la
mediocridad
de
algunos
personajes
que,
merecedores
de
lástima
por
las
taras
intelectuales
que
tan
claramente
presentan,
se
autopresentan
sin
rubor
de
ningún
tipo
como
defensores
del
pensamiento
escéptico
y
racional.
Rebozan
radicalidad
por
sus
cuatro
costados,
y
por
haber
llegado
a un
punto
de
no
retorno,
no
la
ocultan
ni
se
molestan
en
hacerlo.
Al
contrario,
la
expresan
abiertamente
con
un
rudo
lenguaje,
insultante,
dialécticamente
agresivo
e
hiriente,
como
parte
de
una
actitud
de
superioridad
y
condescendencia
que
sin
la
menor
duda
se
traduciría
en
agresión
física
sí
pudieran.
Los
radicalismo
me
sorprenden,
porque
en
sí
mismo
son
irracionales,
y en
el
que
caso
que
nos
ocupa
hacen
válido
el
refrán
"en
casa
de
herrero,
cuchara
de
palo",
ya
que
se
adopta
una
enfermiza
y
ciega
actitud
de
negación
ante
todo
lo
que
huela
a
misterioso,
con
furibundos
ataques
hacia
aquellos
que
se
aproximan
a
los
mismos
sin
esa
misma
radicalidad,
alardeando
precisamente
del
uso
de
la
razón.
Deduzco
que
algunos
han
perdido
parte
del
equilibrio
psicológico
echándole
tripas
y
bilis
a
cada
comentario.
Se
enfadan
de
verdad
y
esputan
veneno
en
forma
de
palabras,
como
sí
la
vida
les
fuera
en
ello
y
desde
la
ignorancia
de
que
en
la
vida
hay
cientos
de
cosas
más
importantes
que
el
que
alguien
crea
en
alienígenas
o se
trague
los
consejos
de
una
tarotista.
Hay
una
actitud
de
vanidad,
soberbia
y
egocentrismo
latente
en
este
tipo
de
comportamientos
y
una
clara
pérdida
del
punto
de
encaje
con
la
realidad.
Ignoran
que
para
la
inmensa
mayoría
de
los
aficionados
e
interesados
en
"los
misterios"
y
para
un
abrumador
porcentaje
de
quienes
investigan
o
divulgan
sobre
ellos,
la
importancia
de
los
mismos
es
relativa.
Estos
temas
no
son
el
centro
del
universo,
son
a lo
sumo,
temas
que
despiertan
la
curiosidad
y
que
pasan
a un
plano
secundario
con
rapidez
frente
a
muchos
aspectos
de
la
vida
personal
y
comunitaria.
El
pseudoescéptico
los
aborda
como
sí
fuesen
una
cuestión
de
vida
o
muerte,
un
asunto
de
estado
y
gravedad
que
requiere
de
medidas
quirúrgicas
cual
cáncer
intelectual
o
cultural
a
extirpar.
Con
el
fanatismo
del
cruzado
se
consideran,
y
llegan
incluso
a
manifestar
públicamente,
educadores,
salvadores
de
la
salud
mental
y el
juicio
de
nuestra
sociedad.
Desde
su
corta
visión
de
la
realidad
predican
que
la
sociedad,
por
su
propia
ignorancia
e
incultura,
vive
permanentemente
bajo
la
amenaza
de
sanadores,
presentadores
de
programas
de
misterio,
vendedores
de
productos
milagros,
echadores
de
cartas,
etc,
etc.,
como
vampiros
que
se
alimentan
de
la
credulidad
de
la
gente.
Ante
tan
apocalíptico
panorama,
del
que
son
cómplices
también
por
ignorancia
o
por
dinero
los
responsables
de
los
medios
de
comunicación
que
permiten
a
esa
legión
de
estafadores
campar
a
sus
anchas,
ellos
tiene
una
misión
que
resuma
caridad,
la
de
enseñar
a la
población
a
ser
racional,
a
discernir,
a
separar
la
verdad
que
ellos
ofrecen
de
la
mierda
por
la
que
se
interesan
y
que
tanto
daño
les
puede
ocasionar.
Son
pocos
pero
bien
organizados.
Tienen
sus
páginas
web,
sus
foros
y
listas
de
discusión,
se
agrupan
para
firmar
manifiestos,
hoy
contra
los
echadores
de
cartas,
mañana
contra
algún
científico
que
se
sale
del
redil.
Cual
guerrilla
se
internan
en
las
filas
enemigas
con
el
objetivo
de
reventar
conferencias
o
actos
en
los
que
se
expone
"la
basura
pseudocientífica",
llamando
en
directo
a
echadoras
de
cartas
televisivas
para
poner
de
manifiesto
que
están
engañando
a la
audiencia.
Comportamiento
a mi
juicio
macarra,
radical,
de
tribu
callejera
que
ataca
sin
contemplaciones
porque
cometes
el
error
de
preguntar
la
hora
en
su
territorio
o te
rajan
con
navaja
porque
no
les
gusta
como
les
miraste.
Tienen
el
perfil
de
las
sectas
destructivas,
por
su
forma
de
trabajar
y
organización
y
porque
tampoco
hacen
ascuas
al
dinero
público
y a
los
placeres
que
la
fama
les
brinda.
Nada
que
ver
con
la
ciencia
y
con
los
científicos,
ni
con
gente
mentalmente
sana.
La
mayoría,
aunque
dispongan
de
formación
y
titulaciones
universitarias,
son
considerados
mediocres
por
la
mayoría
de
sus
compañeros
de
profesión
pululando
como
moscas
en
busca
de
una
subvención
o
enchufe
con
la
que
seguir
viviendo
del
cuento.
Ya
lo
dije
una
vez
y lo
vuelvo
a
repetir,
estos
tipos
que
se
dicen
escépticos
son
a la
ciencia
lo
que
los
skin
al
fútbol,
marginales
violentos
que
sólo
se
representan
así
mismos
y de
los
que
es
necesario
mantenerse
distante
por
una
simple
cuestión
de
seguridad.
Me
resulta
incomprensible
como
se
puede
llegar
a
esos
niveles
de
intolerancia,
a
esa
fe
ciega
en
que
se
posee
la
verdad
y en
que
los
demás
no
sólo
están
equivocados,
sino
que
por
sí
solos
son
incapaces
de
darse
cuenta
y
necesitan
la
redención
que
ellos
les
ofrecen.
Llevo
haciendo
radio
especializada
en
misterios
y
anomalías
científicas
desde
hace
más
de
10
años,
difundiendo
en
palabras
de
estos
mediocres
todo
tipo
de
"sandeces",
ayudando
a
que
la
gente
se
"embrutezca"
al
recibir
esta
información.
A
día
de
hoy,
no
conozco
a
nadie,
ningún
oyente
y/o
protagonista
de
algún
hecho
presuntamente
misterioso,
que
se
mostrara
tan
fanático
como
esta
banda
urbana
de
pseudoescépticos,
que
creyera
al
píe
de
la
letra
en
lo
que
leía
o le
contaban,
que
no
dudara
de
la
naturaleza
de
su
experiencia,
y
desde
luego,
que
no
tuviera
otras
cosas
mejores
a
las
que
dedicar
su
tiempo.
El
escepticismo,
el
uso
del
sentido
común
y la
ciencia
no
son
patrimonio
de
nadie
y
aquel
que
tantas
cosas
asegura
que
tiene
que
enseñarnos,
precisamente
debería
de
aprenderlas
primero.
Yo
también
estoy,
antes
que
muchos
de
ellos
y
con
mayor
conocimiento
de
causa,
contra
el
fraude,
el
auténtico,
no
contra
esa
consciente
manipulación,
mezcla
de
verdades
a
medias,
que
ellos
suelen
denunciar.
Meten
conscientemente
en
el
mismo
saco
todo
tipo
de
asuntos,
con
una
clara
intención
de
confundir
difamando
desde
la
certeza
de
que
"algo
siempre
queda",
quizá
porque
piensan
que
ellos
también
pueden
ser
metidos
en
el
mismo
saco
que
la
ciencia
y
alguien
se
lo
puede
llegar
a
creer.
Todavía
sigo
esperando
leer
algún
artículo
en
el
que
no
insulten,
o un
trabajo
digno
sobre
las
disciplinas
en
las
que
están
formados
y en
algunos
casos
forman
a
otras
personas.
Sólo
les
leo
atacando,
criticando
y
metiéndose
con
estos
temas,
lo
que
me
lleva
a
pensar
que
para
ellos
son
mucho
más
importantes
y
vitales
que
para
el
común
de
los
mortales.
Seguramente
atacarlos
ofrece
algo
de
emoción
y
sentido
a lo
que
se
me
antoja
como
biografías
grises
con
inconfensables
sombras.
Y me
voy
a
otra
cosas
más
importantes,
como
poner
la
lavadora,
echarme
la
siesta,
o
conversar
con
mis
amigos.
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