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Treinta años después de
que el capitán Cernan y el
piloto de módulo Schmitt
pusieran por última vez el
pie en la Luna, nadie
imaginaría que nunca más se
hubiese de transitar por
superficie de astro alguno.
Fue la misión denominada
Apollo XVII la que ponía
fin a la exploración humana
de su satélite natural. Todo
aquello se nos presentó
entonces como la culminación
de un complejo proyecto
exitoso cuyo principal y
único objetivo, al parecer,
era demostrar la supremacía
Norteamericana sobre la
Unión Soviética en la
carrera espacial.
Pero es bien sabido por el
lector que desde el punto de
vista científico las
misiones fueron un fracaso.
Los misterios sobre el
origen de la Luna sigue
siendo una incógnita, y, un
cuarto de siglo después, el
luminoso y triste rostro de
la noche terrestre, sigue
deparando sorpresas.
En 1994, la misión militar
Clementine, descubrió
que ambos polos del satélite
existen importantes
cantidades de agua de estado
sólido. Singular e
inesperado descubrimiento.
Pero, ¿cuál era el verdadero
objetivo de la sonda del
ejército norteamericano
realmente? ¿Por qué se
gastaron miles de millones
de dólares en cartografiar
al milímetro la superficie
lunar? ¿Qué experimentos
secretos realizaron?
¿Buscaban las evidencias de
bases extraterrestres en el
satélite?
Una misión posterior en
1999, la Lunar Prospector,
se lanzaba contra el polo
sur para demostrar la
existencia de ese hielo. Si
allí existía agua, pensaron
los científicos, el impacto
de la sonda produciría su
evaporación, y una nube de
vapor de agua de gran
densidad, sería captada por
los telescopios en Tierra.
Sin embargo, no se recogió
prueba alguna de la
existencia de tal bruma pese
a haberse revisado una y
otra vez las bases de datos
que se habían recogido desde
diferentes observatorios.
¿Descubrió la Clementine
grandes cantidades de agua
en las sombras de los
cráteres polares o dos
gigantescas entradas
artificiales a las entrañas
lunares?
Desmontar un montaje
Hace algunos años, saltó
a los teletipos de los
medios de comunicación de
todo el mundo una
desconcertante noticia. La
NASA destinaría más de cien
millones de dólares a
demostrar que el hombre pisó
la Luna. Para ello
contrataría a un escritor y
pondrá a su disposición a un
amplio equipo de
científicos.
De todos es sabido que desde
hace años han surgido en
diversos medios, encabezados
por algunas webs de
Internet, decenas de
hipótesis que intentan
desmontar lo que se presenta
como "el montaje del siglo
XX". Según ellos, los
americanos, llevados por la
presión de la opinión
pública en la carrera
espacial y su incapacidad
para llevar a buen puerto
las misiones Apollo,
hubieron de fabricar un
inmenso montaje con el
objetivo de simular la
llegada de un hombre de los
Estados Unidos a la Luna.
Para ello se utilizó, según
los autores, un plató
similar al usado para filmar
películas de cine que
recreaba la superficie
lunar. La hipótesis se basa
en los errores de las
imágenes que se nos
presentaron como "sombras
imposibles", reflejos
extraños en las escafandras,
retoques fotográficos, cielo
sin estrellas, y un largo
etcétera.
Pero, ¿son suficientes para
desmontar todo un programa
espacial de varios años de
preparación? Ciertamente no.
Carecen de un carácter
probatorio en cuanto hay que
contar con las condiciones
particulares y extrañas del
vecino astro. Por ejemplo,
la casi total ausencia de
gravedad, relieve de la
superficie altamente
irregular, ausencia de
atmósfera, sensibilidad de
los equipos fotográficos,
entre otros.
Pero, volvamos a la noticia
de la NASA. ¿Por qué gastar
millones de dólares en
demostrar lo que es verdad y
mayoritariamente evidente?
Obviamente, habrá apreciado
el lector, que estoy
convencido de que el hombre
llegó a la Luna pero, ¿qué
fue lo que allí encontró?
eso es lo que realmente
preocupa a la NASA, que esas
"evidencias" sean
desmontadas y den al traste
con la conspiración para
encubrir los resultados. Es
posible que el origen de
toda la polémica esté
justamente en ello: se tuvo
que falsificar y manipular
algunas de las fotos y tomas
porque allí aparecía "algo"
que no debía de estar. ¿Son
esas las fotos que se han
manipulado?
Anomalías lunares
En 1787, el descubridor
de Urano, Sir William
Herschel, alertaba a los
astrónomos del mundo con sus
declaraciones sobre extrañas
observaciones lunares.
Hablaba de haber sido
testigo de la erupción de
varios volcanes en la Luna.
El 22 de octubre de 1790,
durante un eclipse total,
contempló diversos puntos
brillantes, redondos y
pequeños, moviéndose por su
superficie. Años después,
otros eminentes astrónomos
contemplaban esas extrañas
anomalías. Son el caso del
Doctor William Wilkins y
George Booth en 1794, Rankin
en 1874 o W.R. Brooks,
director del Observatorio
Smith de los Estados Unidos,
en 1894, entre muchos otros.
Hoy en día ese tipo de
observaciones son
denominados Lunar
Transient Phenomena
(fenómenos transitorios
lunares), más conocidos como
L.T.P., y están recogidas en
diversos catálogos
astronómicos. Sirva de
ejemplo que tan sólo entre
1965 y 1969, la NASA tiene
catalogados (Report R-277)
setenta LTPs que van desde
brillos en los cráteres
hasta alineaciones de
objetos en movimiento
atravesando gran parte de la
superficie, pasando por
resplandores y flashes
rojos, amarillos y verdes.
Evidentemente si sumamos los
catálogos de otras
sociedades astronómicas, las
observaciones llegan a
superar el millar anual.
Generalmente este tipo de
anomalías, son comunicadas
al "Centro Astronómico de
Copenhague" que se encarga
de recoger y enumerar cada
una de ellas.
El admirado Antonio Ribera
recogió en su libro "El
enigma de los platillos
volantes" una impresionante
observación de este tipo
avalada por ocho astrónomos.
Fue comunicada por la
"Sociedad Astronómica
Aster", concretamente por
don Francisco Almor. Durante
varias noches de junio de
1959, "observaron el paso de
un extraño objeto sobre el
disco de la luna que
reaparecía cada 35 minutos".
Dicho objeto proyectaba su
sombra sobre la superficie
por lo que se calculó se
hallaba a unos dos mil
kilómetros de altura. Los
cálculos que realizaron
concluían que el objeto que
"sobrevolaba" el satélite
debía de tener una dimensión
de aproximadamente 35
kilómetros de longitud.
Algunas hipótesis podrían
explicar estos fenómenos
transitorios. Así se habla
de actividad volcánica,
bombardeo lunar de rayos
cósmicos de alta energía,
caída de meteoritos,
expulsión de gases en el
interior lunar, etc. El
físico del Jet Propulsion
Laboratory de la NASA
Bonnie Buratti, maneja una
nueva teoría que se basa en
el análisis de las fotos a
baja altura tomadas por la
Clementinede las
zonas de actividad LTP.
Según Buratti los cráteres
donde con más frecuencia son
observados, por ejemplo
Alphonsus o Picard,
podrían estar sufriendo
desplomes de sus paredes
laterales hacia el interior,
produciendo derrumbres hacia
su cavidad central y
originando nubes de polvo
que son expulsadas a la leve
atmósfera lunar. Obviamente,
dicha teoría dista mucho de
explicar la mayoría de las
observaciones LTP, y carecen
de validez para todas
aquellas que recogen
movimientos inteligentes de
formaciones de "objetos"
sobre la superficie.
Todo lo expuesto nos
demuestra que en la Luna
existe una inexplicable e
intensa actividad
aparentemente inteligente.
Sin embargo, tras la
exploración llevada in situ
por el hombre desde 1969
hasta 1971, se nos hizo
creer que era un planeta sin
interés científico alguno,
desierto y baldío. ¿Por qué?
El semanario ruso "Nedelya"
publicaba en diciembre de
1998 un curioso, no por ello
descabellado, artículo
titulado "Extraños en la
Luna". La hipótesis venía
abalada por el
radioastrónomo ucraniano
Alexey Arkhipov y concluía
que la Luna servía como base
científica a seres
extraterrestres, que nos
observarían desde allí. Se
basaba en las imágenes
analizadas de estructuras
artificiales "construídas"
en ella y aportaba algunos
documentos gráficos como
definitivos.
Curiosamente solamente un
LTP fue reportado en el "Mar
de la Tranquilidad" antes
del 2 de febrero de 1964.
Pero, tras el alunizaje del
"Ranger-6", la situación
cambió radicalmente y fue de
las zonas más activas hasta,
justamente, 1969, año del
alunizaje del Apollo XI.
¿Acaso se encontraba la zona
controlada ya por los
esporádicos selenitas y se
retiraron a otras zonas para
facilitar la exploración
humana del satélite? La
hipótesis parecería
descabellada sino fuese por
una curiosa coincidencia.
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