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EL INCIDENTE MANISES... ¿EXPLICADO?

Por  Josep Guijarro

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"Tratar de resumirte más de doscientos folios de mi trabajo puede dar origen a confusión..." o, "sé que todo esto puede parecer poco creíble..." fueron algunas de las frases con las que me atendió, a mediados del mes de enero, el Ingeniero Técnico Agrícola Juan Antonio Fernández Peris, autor de un exhaustivo trabajo sobre el denominado "Incidente Manises" que recientemente ha sido galardonado por la Fundación Anomalía con el premio Ricardo Caruncho. Fernández Peris inició sus pesquisas en el campo de la ufología en 1974 y publicó junto a Vicente Juan Ballester Olmos la Enciclopedia de los Encuentros Cercanos con OVNIS. Era lógico que el investigador valenciano me hablara con reservas pues conocía mi postura con respecto a su trabajo después de que en noviembre de 1994, tuviera conocimiento de algunas de sus conclusiones. En aquél entonces se me dijo que no era el momento oportuno de darlas a conocer pero me adelantaron que el incidente había sido producido por "una cadena de despropósitos"(sic). Cuatro años más tarde sigo sin disponer del texto íntegro del informe –a pesar de haber sido solicitado oportunamente- aunque, en esta ocasión, sí dispongo de las opiniones de primera mano de su autor quien, desde el principio, aseguró no querer convencer a nadie con los resultados de su estudio. Y no es para menos ya que Fernández Peris atribuye "el origen del fenómeno a una confusión. Por un lado –me explica- las excelentes condiciones meteorológicas que facilitaban la visibilidad a muchos kilómetros de distancia y, por otra parte, que en 1979 el tema OVNI era un tema de actualidad muy presente en todos los foros. Cualquier luz –añade- era tomada en cuenta como un OVNI. Esta presión sociológica –concluye- es vital para entender mi estudio".

El denominado incidente Manises es, para muchos, uno de los episodios más emblemáticos de la ufología hispana. Un caso que, incluso, llegó al parlamento español y cuya desclasificación en octubre de 1994, lejos de disipar dudas, enturbió –aún más si cabe- las relaciones entre investigadores.

Un poco de historia

El 11 de noviembre de 1979 un Super Caravelle de la compañía TAE (Trabajos Aéreos y Enlaces) procedente de Salzburgo y con destino a Tenerife, despegó del aeropuerto de Palma de Mallorca con 109 pasajeros a bordo.

A los mandos del avión se hallaba el comandante Javier Lerdo de Tejada, un hombre con catorce años de experiencia y más de ocho mil horas de vuelo. Le acompañaban cinco tripulantes más. En la cabina, como segundo piloto, Ramón Zuazu. Detrás de él Francisco Javier Rodríguez, mecánico del avión y, junto al pasaje, las azafatas y el sobrecargo quienes, debido a las más de cuatro horas de retraso, se disponían a servir la cena a los crispados turistas, alrededor de las once de la noche.

Obedeciendo el plan de vuelo previsto, el avión se situó a 23.000 pies de altura para, a continuación, tomar contacto con la torre de control de Barcelona quien les acompañaría hasta las inmediaciones de Alicante. El cielo estaba completamente despejado, con buena visibilidad y sin apenas viento.

Desde su conexión con Barcelona los pilotos del avión habían notado algo extraño en las comunicaciones. Al parecer había sido detectada una señal en el canal de emergencia que, según el control aéreo de Barcelona, procedía de algún lugar situado a 40 millas al noroeste de Valencia, en la trayectoria del vuelo del TAE. De confirmarse podía haber una embarcación o avión en peligro. Se imponía, pues, prestar atención tanto a la radio como al cielo.

El comandante apagó las luces del habitáculo para prestar mayor atención al exterior. Fue entonces cuando el mecánico del avión pudo divisar dos extrañas luces rojas a la izquierda del vuelo. Miró su reloj: eran las once y ocho minutos.

El objeto, según reza en la grabación que llegó a mis manos poco después de forma anónima, se hallaba situado a cuatro o cinco millas y, en cuestión de un par de minutos, empezaron a acosar al avión. Los tripulantes del TAE no podían distinguir estructura alguna sólo percibían las dos luces rojas, de un granate fijo para ser más exactos, sin destellos ni parpadeos.

El OVNI seguía aproximándose y Lerdo de Tejada decidió, entonces, comprobar si aquello era inteligente. Ascendió a 28000 pies para dejar atrás aquellas luces pero, inexplicablemente el objeto aceleró mucho más rápido que el avión y se situó a menos de media milla, a unos 700 metros. En riesgo de colisión.

Ante semejante maniobra decidió poner rumbo a Valencia y "aterrizar antes de seguir volando con este tío al lado"(sic)

Interviene la Defensa

Desde Barcelona se efectuó entonces una llamada telefónica al Centro de Operaciones de Sector, para que el radar de Pegaso, situado en Torrejón de Ardoz, Madrid, confirmara la presencia de un objeto no identificado. Pegaso es el centro neurálgico de la defensa nacional. Allí se encuentra el general Jefe de la defensa Aérea.

El operador radar no salía de su asombro. Pese a localizar sin dificultad la traza del avión la pantalla del radar no reflejaba rastro alguno del misterioso objeto.

Por su parte –según figura en la página 18 del informe desclasificado por el Ejército- el Escuadrón de vigilancia Aérea de Benidorm, conocido con las siglas EVA 5, logró distinguir hasta cinco objetos entre los nueve mil y los once mil metros. Ahora no había duda, el TAE estaba siendo perseguido no por uno sino por ¡varios OVNIS!.

Desde tierra más de 40 testigos contemplaron las luces, entre ellos Miguel Morlán, director accidental del Aeropuerto de Manises, quien en contacto telefónico con un comandante del Ejército del Aire supo que se había ordenado un Scramble para interceptar el misterioso objeto.

Poco después de que el TAE tomara tierra, tres luces que no habían sido detectadas por el radar se aproximaron al aeropuerto. Debían de ser tan potentes como las luces anticolisión de un avión. Así lo interpretaron los ingenieros de pista quienes procedieron al encendido de las luces de pista.

Finalmente, a las dos de la madrugada el capitán Fernando Cámara se situó en la cabecera de pista de la Base Aérea de los Llanos, en Albacete, a bordo de un caza Mirage F-1, listo para despegar.

El avión, en pocos minutos, localizó sobre la vertical de Valencia una luz extraña pero, a pesar de que viajaba a 1000 kilómetros por hora, no consiguió disminuir la distancia con aquel objeto. La luz cambiaba de color y estaba situada a la izquierda de la Luna que ahora se encontraba majestuosa en la bóveda celeste.

Al llegar a Valencia, Cámara solicitó incrementar su velocidad a 1.4 de Mach, es decir, a velocidad supersónica. Era la única forma de disminuir la distancia entre aquellas misteriosas luces y el moderno caza de combate. Fue entonces, al aproximarse, cuando distinguió una forma como de un tronco de cono del que emanaba la luz. El capitán notó, entonces, unas extrañas interferencias. Se parecían a la que días antes había detectado al sobrevolar los buques de la sexta flota norteamericana en unas maniobras en el Mediterráneo.

"Aquel objeto –según reconoció más tarde- no daba señal de infrarrojos, es decir, no emitía ninguna fuente de calor. Debía de propulsarse por alguna energía desconocida". La tensión iba en aumento y las molestas interferencias y los blocajes (señales de los dispositivos del avión que avisan cuando se está a tiro de un eventual enemigo) por la derecha y el morro del avión estaban asustando al veterano piloto.

El OVNI en pocos segundos aceleró y ganó distancia. El F-1 cambió de rumbo y se dirigió de nuevo hacia la costa. Allí detectó un segundo objeto. Alternaba destellos rojos y verdes y se encontraba estático frente a la costa. Cuando el caza se aproximó, el misterioso objeto aceleró bruscamente en dirección a las Baleares.

Después de una hora y media de persecución estéril y a riesgo de no tener suficiente combustible Cámara puso rumbo a la base.

La aventura había terminado.

Habla la Ufología crítica

"Prácticamente desde el día después del incidente empecé a trabajar en el incidente", me confesó Fernández Peris. La investigación premiada por el Patronato de la Fundación Anomalía en la reunión mantenida en Santander a principios de diciembre de 1998 recoje "mi opinión respecto al caso. No soy amante de polémicas" –sentencia-.

A pesar de su buena voluntad el ingeniero valenciano va a encender con los resultados de la encuesta los ánimos del sector pro-extraterrestre de la ufología porque deduce que "los pilotos del TAE pudieron confundir las luces de la refinería de Escombreras con las luces rojas que motivaron la alarma". Fernández Peris llega a esta conclusión tras estudiar la trayectoria del avión, dirección, altura y del análisis de fotografías aéreas de la propia refinería que muestran las dos torres de combustión que pudieron confundir los pilotos" Pero, me pregunto, ¿cómo dos chimeneas situadas a 500 kilómetros, en Cartagena, son capaces de poner en jaque la defensa nacional? ¿Cómo unos experimentados pilotos primero, el personal del aeropuerto después y un caza del Ejército pueden confundir dos llamaradas con un objeto físico?

Según Fernández Peris cada episodio del incidente no tiene relación con el anterior. Así de simple. Esta línea de investigación es la mantenida, asimismo, por el juez informador del Ejército que, paradójicamente, es el capitán que se hallaba de guardia aquella noche en Manises.

"El origen de la confusión –asegura en tono más distendido- fueron las excepcionales condiciones de visibilidad de aquella noche. Las mejores de todo el siglo" que facilitaban la observación de puntos de luz muy lejanos. "Por cálculos trigonométricos desde la posición del avión y el ángulo de visión de la cabina se deduce que la separación angular de las chimeneas, el tamaño de las llamaradas y el diámetro angular coincide con las declaraciones de los testigos". Pero, entonces, ¿Qué persiguió el caza de interceptación?

"Cámara no despegó por las luces de Lerdo de Tejada. –explica- Lo hizo una hora y media después de que el avión de la TAE aterrizase y nunca alcanzó su objetivo porque éste se hallaba muy lejos". Partiendo de la conversación que figura en el informe del Ejército del Aire "deduzco que estuvo persiguiendo cuerpos del firmamento. Concretamente Vega, Júpiter y las chimeneas de Arczew en Argelia"

¿Y las interferencias que alegó? –pregunté incrédulo

"Fernando Cámara fue objeto de una guerra electrónica. Se vio envuelto en contramedidas electrónicas procedentes del buque LHP2 Hiwojima".

Algunas contradicciones

Desde el principio los "ufólogos críticos" trataron de relacionar el incidente con la presencia norteamericana en la zona. El 25 de enero de 1980 el periódico "El Pais" publicaba que "el ovni de Manises pudo ser un caza nortemericano". La información procedía del ufólogo Ballester Olmos quien, tras las oportunas investigaciones, averiguó que acababan de finalizar en Almería las maniobras hispanoamericanas Crisex 79 y que, "coincidiendo con la aparición del OVNI, la unidad Task-Force de la VI Flota americana regresó a su base de la OTAN en Nápoles. Por aquellas mismas fechas –aseguró Ballester Olmos- llegó a Valencia, también, el portahelicopteros Iwojima lo que "nos permite pensar que el OVNI pudiera ser un caza que acompañó al avión hasta 30 millas de Valencia por tratarse del límite de las aguas jurisdiccionales españolas".

Pero, a pesar de la rotundidad de las afirmaciones, el folio 31 del expediente desclasificado por el Ejército del Aire español es muy preciso. El General en Jefe de la USAF declara que "ningún avión de la Sexta Flota estaba en el aire en el momento del incidente informado por el Caravelle de la TAE y por el piloto del interceptor del Mando Aéreo de Combate. Ningún portador de la Armada americano se hallaba en el área del incidente".

¿Qué pasaba con el radar? ¿Por qué los controladores abrieron las pistas al OVNI?

"Bueno, ahí –reconoce Fernández Peris- hay que hilar muy fino porque en el informe no figuran las horas pero deduzco que las pistas se abrieron, en realidad, al caza de Cámara"

Fernández Peris habló personalmente con los controladores civiles Evelio Tabernero y Antonio Bernabeu quienes reconocieron que las luces que observaron a través de los prismáticos eran simples estrellas. "Sirio es la que llamaba más la atención".

A la luz de todos estos datos ¿Tenemos explicado el caso Manises? En mi opinión, no. ¿Qué hacemos con las fotografías que obtuvo el contactado Pep Climet y que, posteriormente le fueron requisadas por miembros del ejército en el Bar Menfis de Sóller (Palma de Mallorca)?¿Cómo interpretar el registro del DISCRIMINADOR DE OBJETOS del EVA 5 que logró distinguir hasta cinco ecos a una altura de 9.000 a 11.000 ft? ¿Qué límites tiene la ineptitud de los pilotos para confundir las luces con las llamas procedentes de un complejo petroquímico? Sólo tu, amigo lector, tienes la respuesta.



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