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Días
después, mientras una
comisión oficial investigaba
el suceso, otro piloto de
guerra español perseguía a
un inmenso OVNI y varios de
estos artefactos
sobrevolaron Madrid con tal
descaro y provocación que a
punto estuvieron de provocar
un auténtico conflicto aéreo
sobre la capital. Y todo
esto, tan sólo, en el plazo
de 17 días.
Han
pasado más de dos décadas, y
los hechos ocurridos
entonces no sólo siguen
siendo considerados los más
desconcertantes de cuantos
ha deparado la ufología
española, sino que los
investigadores siguen
-seguimos, si me lo
permiten- polemizando sobre
la naturaleza de una serie
de fenómenos en todo punto
-en nuestra opinión-
inexplicables.
El
episodio de Manises le
servirá al lector profano
para hacerse una idea de la
magnitud y espectacularidad
del fenómeno OVNI. Sin más
demora, adentrémonos en el
análisis de este suceso.
"Prefiero no continuar con
este tráfico que me está
siguiendo"
“Ningún avión
de la IV Flota ni ningún
navío de la U. S. Navy se
encontraban en la zona
durante el incidente",
se apresuró a explicar por
escrito el máximo
responsable de la USAF en
España cuatro días después
de que un avión Super-Caravelle
de la desaparecida compañía
TAE, con 109 pasajeros a
bordo, se viera obligado a
aterrizar en el aeropuerto
valenciano de Manises
(Valencia) pocos minutos
después de despegar de Son
San Joan (Mallorca) rumbo a
Tenerife. Los hechos, como
antes decía, ocurrieron el
11 de noviembre de 1979.
En
realidad, comenzaron dos
horas antes del despegue del
mencionado vuelo, cuando el
Servicio de Alerta y Rescate
de Madrid informó sobre la
existencia de una señal de
radio de alarma emitiendo en
la frecuencia 121.5 a unos
70 kilómetros al noreste de
Valencia, en pleno
Mediterráneo.
La odisea
podría haber quedado en eso,
en mera anécdota. Pero la
pregunta del piloto de la
TAE, Javier Lerdo de
Tejada, pocos
intantes después de las
23.00 horas solitando
información sobre un tráfico
no identificado que volaba
en rumbo convergente -en
pocas palabras, en dirección
al avión- hacia él activó
todas las alarmas. Además,
también él escuchaba a
través del canal de
emergencia aquella extraña
señal de radio.
La
pesadilla duraría ocho
interminables minutos.
Durante ese tiempo, el
artefacto, del tamaño de un
Jumbo y con dos intensas
luces rojas a los lados,
subió y bajó respecto al
avión, adelantó y retrocedió
hasta acercarse a la
peligrosa distancia de 200
metros del Super-Caravelle.
Temiéndose lo peor, el
piloto tomó una drática
descisión:
-¡No continuo, con este
tráfico que me está
siguiendo prefiero no
continuar! -exclamó
Lerdó de Tejada.
Nadie en
Centro de Control de
Barcelona, que centralizó
todas las comunicaciones
durante el incidente,
rechistó la decisión del
comandante. Al fin y al
cabo, de él dependían
aquellos 109 pasajeros,
turistas austriacos en su
mayoría.
Mientras
todo esto ocurría cuando el
avión sobrevolaba el
Mediterráneo, los operadores
del radar de la Base Aérea
de Torrejón (Madrid)
buscaban en sus pantallas al
intruso no identificado pero
éste no aparecía por ningún
lado. Eso sí, el radar
militar de Benidorm
localizó, durante todo ese
tiempo, hasta 5 ecos no
identificados volando sobre
la zona a una altura
aproximada de 10 kilómetros.
El Levante estaba viviendo
una auténtica “invasión”…
Fuera lo
que fuera, algo extraño y
físico estaba violando
espacio aéreo español y
nadie cuestionó la
arriesgada decisión del
comandante.
Tampoco
lo hizo Miguel
Morlán, director en
funciones del aeropuerto
valenciano, porque él y 40
empleados de las
instalaciones llegaron a
observar hasta tres OVNIs
próximos a las intalaciones,
uno de ellos tan cercano que
los operarios, creyendo que
se trataba de un avión,
encendieron raudos las luces
de las pistas… pero el
extraño objeto esférico
levantó su vuelo cuando
parecía que tenía la
intención de tomar tierra.
En suma,
una aeronave de procedencia
desconocida había abordado
un avión de pasajeros y se
había situado sobre las
pistas de un aeropuerto de
uso conjunto civil y
militar. Por si había dudas,
a todos los testimonios
visuales había que sumar la
detección en radar de varios
OVNIs sobre cielo español.
El
desafío, por parte de los
tripulantes de aquellos
artefactos estaba servido.
Así lo entendieron en el
Mando Aéreo de Combate en
Madrid, donde aceptaron la
"afrenta" y ordenaron el
despegue de un caza de
intercepción -un scrambe-
desde la Base Aérea de Los
Llanos (Albacete).
A las
00.42 horas, ya del 12 de
noviembre, un Mirage F-1
pilotado por el capitán
Fernando Cámara
se elevaba sobre los cielos
del Levante ajeno a la
naturaleza de su misión. No
la olvidaría jamás…
Un caza se lanza a la
persecución del OVNI
Ya en vuelo, Pegaso
(nombre en clave militar que
recibe el centro de
operaciones de Torrejón
desde donde se vigila todo
el espacio aéreo español)
informó de lo que ocurría y
los generales que
controlaban la situación le
solicitaron al piloto
militar que preparara el
faro-policía y el armamento.
Para
entonces, Cámara ya debía
suponer que aquello ni era
un entrenamiento ni una
broma, pese a que ni sus
ojos ni el sofisticado radar
de infrarrojos de a bordo
detectaba nada extraño a la
vista. Pero sí a los oídos…
De
repente, un "sirenazo" se
coló por todos y cada uno de
los canales de radio del
avión en el momento en que
Pegaso detectó un No
Identificado alejandose en
dirección a África. En ese
momento, los oficiales que
se encontraban al frente de
las operaciones obligaron a
Cámara a dirigirse justo
hacia el lugar en donde
según el radar se encontraba
el OVNI. A una velocidad
próxima a la del sonido, el
Mirage F-1 se dirigió hacia
el intruso aéreo. Comenzaba
el "baile"…
A partir
de ese momento el OVNI o los
OVNIs parecieron jugar con
el caza español, obligando a
Cámara a dirigirse de un
punto a otro del país. Casi
al mismo tiempo, las
interferencias se hicieron
más y más fuertes. Justo
cuando comenzaron a menguar,
el radar detectó un nuevo
OVNI sobre Valencia.
"Dirígase hacia esa zona",
indicaron a Cámara.
Ahí
estaba: el objeto tenía
forma de campana y cambiaba
secuencialmente de color,
verde, rojo, blanco… Al
acercarse, el chirriante
sirenazo volvió a
introducirse por sus cascos
y el misterioso objeto
aceleró a una velocidad
prodigiosa hasta desaparecer
a lo lejos.
Antes, el
No Identificado accionó sus
sistemas de ataque blocando
los del sofisticado F-1, que
no lograba captarlo en su
equipo de infrarrojos, como
si aquel objeto no empleara
calor para desplazarse.
El piloto
perdió de vista durante muy
poco tiempo al OVNI. En
Pegaso, intranquilos y
nerviosos, volvieron a
registrar algo extraño:
“Hacia Sagunto hay otro… un
objeto alto”, le
dictaron a Fernando Cámara,
que en ese momento estaba
viendo a lo lejos el objeto
que había avistado a la
altura de Valencia a la vez
que otro OVNI sobrevolaba
Sagunto. Y le pidieron que
se dirigiera hacia allí.
La
película volvió a repetirse:
vacío de radar, monstruosa
aceleración, blocaje y
cambios de color. Minutos
después, apareció en las
pantallas un nuevo OVNI que
obligó al piloto a recorrer
de nuevo la mitad este de la
Península. Persiguió al
intruso hasta Mahón, pero
sin éxito. No pudo
identificarlo. Lo vio,
efectivamente lo vio, y, de
nuevo, le blocó, de tal modo
que de haber actuado de otro
modo, el capitan Cámara
hubiera pensando, sin duda,
que era una afrenta de
guerra. Tras hora y media de
persecución, el Mirage F-1
encendió el piloto rojo del
combustible. Se acababa el
queroseno. Y, lógicamente,
el retorno a la Base Aérea
de Los Llanos se hizo
obligatorio.
Cuando ya
enfilaba su Mirage hacia la
capital manchega, el
misterioso objeto no
identificado “blocó de cola”
al caza. Si se hubiera
tratado de un avión, y
hubieramos estado
atravesando un periodo de
guerra, aquello habría
sinificado el inicio de un
combate aéreo. Pero tras la
desafiante y provocadora
actitud del OVNI no parecía
haber actitud agrevisa
alguna. Con el susto
instalado en su cuerpo,
Fernando Cámara tomó tierra
tras hora y media de
insólita misión.
La investigación oficial
La mañana del 12 de
noviembre fue agitada en
Manises. Bullían los
comentarios y el movimiento
resultaba inusual, al tiempo
que el ministro de
transporte, Sánchez
Terán, inaguraba el
sector civil del aeropuerto.
El gobernante, lógicamente,
se interesó por la historia
del OVNI, cuya presencia en
los cielos se convertiría en
cuestión de horas en una
noticia de primera magnitud.
A lo
militares, probablemente,
les hubiera gustado mantener
en secreto todo lo que había
ocurrido la noche anterior.
Pero fue imposible. Y es
lógico: la odisea había sido
protagonizada por tantas y
tantas personas que los
rumores comenzaron a
circular la misma noche de
autos.
La
situación se podía calificar
como grave desde diferentes
puntos de vista. Al fin y al
cabo, el espacio aéreo
nacional fue violado de
forma impune y un avión con
109 pasajeros había sido
desviado de su ruta.
Lógicamente, las autoridades
buscaron soluciones y, para
ello, se hacía necesario
seguir el protocolo habitual
para abrir diligencias:
"Un
avión de la TAE aterrizó de
emergencia por motivo de la
presencia peligrosamente
cercana de un objeto no
identificado. Se ha
procedido a iniciar
expediente", escribió
vía teletipo esa mañana el
coronel-jefe del Sector
Aéreo de Valencia a su
superior en Madrid. Éste, a
su vez, puso los hechos en
conocimiento de
Agustín Rodríguez Sahagún,
por entonces ministro de
Defensa.
Y,
coincidiendo con las
primeras luces del 13 de
noviembre, un
juez-instructor de la III
Región Aérea llegaba desde
Zaragoza para interrogar a
los testigos y buscar
explicación a un hecho que
había trascendido provocando
un tremendo impacto en la
opinión pública española.
El
informe oficial del caso
permaneció en secreto
durante 15 años hasta su
desclasificación el 29 de
julio de 1994. A pesar de
contar con 142 páginas, la
información confidencial
ofrecida al público se
encuentra incompleta.
Faltan, por ejemplo, los
informes de Fernando Cámara,
el piloto que persiguió a
los OVNIs por todo el
Levente. Sin embargo, el
investigador oficial, tras
advertir que "la
seriedad y buen juicio de
los testigos está fuera de
toda duda", señaló en
su informe, firmado el 28 de
noviembre de ese mismo año,
que tras analizar los hechos
"se señala la necesidad
de considerar la hipótesis
de que existe una nave de
procedencia desconocida
propulsada por energía
también desconocida".
En muy
pocas de las investigaciones
oficiales efectuadas por el
Ejército del Aire español se
pueden leer conclusiones tan
determinantes: “nave
desconocida” y “energía
desconocida”.
Además,
el informe oficial del caso
recoge también otros
testimonios que prueban la
presencia de luces no
identificadas aquella noche
sobre España. Incluye
también una copia de mala
calidad de una extraña
fotografía obtenida hacia
las 2.30 de la madrugada de
esa misma noche del 11 al 12
de noviembre por el mecánico
Pep Climent
en Sóller (Mallorca) en la
que aparece un objeto
emergiendo del mar.
La
historia de los negativos de
esa imagen es insólita. Días
después de obtenerse la
fotografía, Pep Climent
recibió la visita de varios
oficiales del Ejército del
Aire. Uno de ellos era el
capitán que se encontraba al
frente de las
investigaciones oficiales de
los hechos acaecidos el 11
de noviembre. El militar
pidió al testigo que
entregara los negativos de
la imagen del OVNI, a lo que
Climent no pudo negarse.
Lógicamente no iba a
complicarse la vida por una
simple fotografía de un
fenómeno desconocido.
La confiscación de las
fotografías ilustra bien a
las claras que el Ejército
se tomó muchas molestias
para poner en orden todas
las informaciones relativas
al OVNI de Manises.
La
gravedad de los hechos
-estimaban las altas
esferas- lo exigía. Y la
naturaleza desconocida de
los No Identificados
avistados ese día también.
Evidentemente, de la
investigación oficial no
supo la sociedad española,
que gracias a los medios de
comunicación sí fue
informada de lo ocurrido
pero que sufrió la poca
transparencia del Ejército
sobre el asunto. Es
importante recordar que en
marzo de ese mismo año 1979,
la Junta de Jefes del Estado
Mayor había elevado a la
categoría de “materia
reservada” todo lo
relacionado con el tema de
los OVNIs.
Y aunque
a partir de 1992 el Ejército
del Aire español se vio
obligado a desclasificar
algunos informes sobre
OVNIs, entre ellos el
relativo al caso que nos
ocupa, la confidencialidad
sobre el enigma prosigue.
La
aparente transparencia de
las autoridades hispanas
animó a Pep Climent a
escribir en 1995 al Mando
Operativo Aéreo, el
organismo militar que ha
gestionado la
desclasificación de los
informes, para solicitar del
Ejército la devolución de
los negativos. La respuesta
fue desalentadora: “No
consta que el Ejército haya
dispuesto de esas imágenes.”
La
contestación delató a las
autoridades que, pese a
haber transcurrido desde
entonces la friolera de 16
años, parecen desear
mantener en secreto algunos
aspectos del episodio que
estamos analizando. Les
explicó por qué.
Al tiempo
que Climent solicitaba la
devolución de las imágenes,
la investigadora afincada en
Mallorca Carmen
Domenech localizaba
unas imágenes reveladoras.
Las halló buceando en los
archivos de un periódico
local. Las tomas, sin
embargo, nunca fueron
publicadas. En parte porque
no las había tomado ningún
reportero gráfico. Las había
obtenido –ha de suponerse
que filtrada de algún modo
desde fuentes militares-
algún redactor que siguió de
cerca la historia.
En la
secuencia se observa cómo un
coche oficial se detiene a
pocos metros de la puerta
del local comercial de Pep
Climent. De su interior
salen varios oficiales
militares vestidos de
uniforme que acuden al
encuentro del autor de las
fotografías del OVNI. La
secuencia se completa con la
entrega de los negativos a
los oficiales. Se trata,
pues, de una prueba
irrefutable de que el
Ejército del Aire confiscó
las imágenes. Ahora bien,
¿quién efectuó los disparos
que inmoralizaron la
“operación”?
Las
pistas apuntan hacia los
servicios de inteligencia,
que bien pudieron haber
seguido de cerca los pasos
de los investigadores
oficiales que efectuaron la
investigación secreta de
1979. Es decir:
contraespionaje.
La importancia del OVNI de
Manises
El suceso ocurrido
el 11 de noviembre de 1979
cuenta con todos los
ingredientes necesarios para
merecerse el calificativo de
mejor caso de la historia
ufológica española.
Motivos, sobran. Veamos:
-
Testigos de alto
nivel.
Tanto la tripulación del
vuelo de TAE como el
capitán que se hizo a
los mandos del Mirage
F-1 son individuos más
que preparados para
discernir qué es normal
y qué anormal en los
cielos. Su preparación
técnica y psicológica, y
sus meticulosos estudios
en física, astronomía,
meteorología y
astronáutica son
argumentos más que
suficientes para
defender y postular a
propósito de la calidad
de los pilotos como
testigos de
avistamientos de OVNIs.
Por algo están
considerados como los
observadores de más
categoría…
-
Detección en
radar.
A las observaciones de
los pilotos hay que
sumar que los radares
militares detectaron la
presencia de objetos
desconocidos en el
cielo. Este hecho
confirmaba que se
trataba de auténticos
artefactos sólidos y
dotados de naturaleza
física. Los radares
dificilmente se
equivocan. Y menos en
este caso, pues la
detección en las
pantallas de radar
estaba precedida de la
observación visual.
-
Observadores
desde tierra.
Lo detectado por radar,
y lo captado visualmente
por los pilotos, fue
seguido desde tierra en
diferentes puntos del
Levante. Sólo en el
Aeropuerto de Manises
más de cuatro decenas de
personas se convirtieron
en testigos de los
hechos.
-
Comportamiento
inteligente.
Todos los testigos del
conocido incidente de
Manises coinciden en
resaltar que el
comportamiento del OVNI
–o los OVNIs- era
inteligente. Por sus
movimientos, actitud y
disposición no se puede
pensar otra cosa.
-
Tecnología
desconocida.
Como el propio
juez-informador oficial
aseguró en su informe,
las maniobras de los
OVNIs denotaban que
estaban dotados de una
tecnología por encima de
la desarrolada por la
técnica humana en 1979.
Todos
estos componentes, y otros
muchos, provocaron que el
suceso del 11 de noviembre
de 1979 llegara incluso al
Congreso de los Diputados.
El parlamentario socialista
Enrique Múgica,
en la actualidad Defensor
del Pueblo, bien informado
de los sucesos de Manises,
meses después de que
sucedieran elevó una
interpelación parlamentaria
al gobierno de entonces, de
la Unión de Centro
Democrátrico (UCD),
preguntando por la
naturaleza del artefacto que
provocó la suspensión del
vuelo de la TAE. La pregunta
jamás fue respondida por el
ministro de Defensa, Agustín
Rodríguez Sahagún. Sin
embargo, sí se redactó un
borrador que jamás se daría
a conocer.
Gracias
al informe oficial del caso
sabemos que se elaboró un
escrito de cuatro páginas
para el Gobierno, pero el
documento,
inexplicablemente, nunca fue
dado a conocer. Su contenido
pretendía minimizar
sutilmente los hechos… Sin
embargo, el Ejército del
Aire ya había manifestado
–secretamente- que el suceso
había sido provocado por una
nave desconocida dotada de
tecnología desconocida.
Ha sido
una constante en la actitud
del Gobierno español sobre
los OVNIs desde los años
sesenta: de cara a la
opinión pública se ofrecen
explicaciones falsas,
mientras que puertas adentro
se inventigaba
concienzudamente el enigma
de los No Identidicados.
Además, y respecto al caso
de Manises, las autoridades
tampoco ignoraban que pocos
días después de suceder lo
narrado, los OVNIs siguieron
haciendo de las suyas.
La oleada continuó en España
Seis días después del caso
Manises, hacia las 17.20 del
17 de noviembre de 1979, los
radares militares españoles
detectaron sobre Motril
(Granada) un eco no
identificado que provocó el
despegue de una caza F-1
desde la misma Base Aérea de
Los Llanos.
El piloto
del vuelo trató de
aproximarse sin éxito al
inmenso objeto que según el
informe oficial estaba
compuesto por "tres
luces fuertes formando un
triángulo isósceles".
Mientras trataba de
aproximarse al OVNI escuchó
en sus cascos a través del
canal 11 de UHF una voz
infantil de procedencia
desconocida que decía:
"Hola, ¿cómo estás? Hola,
hola..." Jamás pudo
explicarse el origen de
aquella misteriosa
"inclusión".
Según el
informe oficial del suceso,
añadido al expediente
secreto del caso del 11 de
noviembre, el caza "tomó
tierra sin novedad en
Albacete a las 18.05 horas".
Sin embargo, según me
explicó en una ocasión el
periodista e investigador
J. J. Benítez
para un documental de
televisión, "cuando el
piloto aterrizó, lívido,
comprobó atónito cómo los
remaches del avión habían
saltado literalmente",
como si el caza hubiera
estado en el campo de
influencia de un artefacto
que emitía una poderosa
energía. Algunas fuentes
aseguran incluso que debido
al impacto emocional
provocado por lo
sorprendente del encuentro
OVNI, el capitán del
Ejército del Aire requirió
apoyo psicológico.
Durante
aquel mes, los OVNIs
siguieron observándose en
casi todos los puntos de la
Península. El punto álgido
de aquella oleada llegó
hacia la 1.30 horas de la
madrugada del 28 de
noviembre. Desde diferentes
puntos de Madrid cientos de
testigos observaron una
serie de extrañas luces
sobrevolando la capital.
"Son como dos pirámides
truncadas", aseguró uno
de ellos a través de los
micrófonos de la cadena SER,
que retransmitió en directo
las observaciones. Además,
los OVNIs fueron
fotografiados al tiempo que
las comunicaciones
radiofónicas de Potección
Civil y Cruz Roja quedaron
inutilizadas sin causa
aparente.
El
informe oficial del caso
asegura que desde los
radares militares de
Villatobas (Toledo) y
Calatayud (Zaragoza) fueron
detectados tres OVNIs sobre
la Madrid, que provocaron, a
las 4.30 de la madrugada, la
salida en emergencia de un
caza de la base de Torrejón
que logró acercarse a los
OVNIs, que también fueron
detectados en las pantallas
de radar de la carlinga del
caza.
El
episodio pudo haber sido
dramático, porque -empleando
medios tecnológicos- el
OVNIs presentó varias
situaciones electrónicas de
ataque que a punto
estuvieron de provocar que
el caza abriera fuego contra
el "intruso". Sin exagerar:
aquella noche Madrid pudo
haber asistido a un
auténtico combate en los
cielos.
Sucesos
como los relatados son más
que significativos a la hora
de mostrar cuán
desconcertante y fascinante
es el misterio de los OVNIs.
El episodio de Manises es
tan complejo y completo que
sobran las palabras y las
explicaciones. Nos demuestra
que los OVNIs son un asunto
serio, que requiere un
análisis en profundidad y un
examen meticuloso.
Sigue
en
El caso Manises: una nueva
perspectiva |