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El 26 de Octubre del año 312
de nuestra era el emperador
romano Constantino I el
Grande se hallaba
arrodillado de cara al Sol,
adorándole, cuando se
produjo un extraño fenómeno.
Procedentes del astro rey,
el emperador acertó a ver
unas oscuras radiaciones en
diagonal que dibujaban una
luminosa y potente cruz
sobre el cielo. En su mente
resonó entonces un nombre -Christos-
y, a continuación, la misma
voz sobrenatural le dijo:
"Con este signo,
triunfarás". Constantino no
se lo pensó dos veces.
Todavía perplejo por aquel
espejismo o ensoñación,
ordenó a sus hombres la
sustitución del águila
imperial que figuraba en las
égidas y estandartes de sus
tropas por el símbolo de
Cristo.
Al amanecer del 27 de
Octubre las tropas de
Constantino aguardaban la
llegada al desfiladero, al
pie del puente Milvaiano, de
las filas enemigas que se
hallaban bajo las órdenes de
Marco Aurelio Majencio. La
batalla fue encarnizada pero
Constantino venció. ¿Se
debió a la victoria
anunciada por el extraño
fenómeno luminoso? ¿O,
simplemente, la superstición
sirvió de impulso positivo a
las sugestionadas tropas
romanas? En cualquiera de
los dos supuestos
Constantino consiguió vencer
a Majencio y entrar
victorioso en Roma.
Probablemente hoy nada sería
igual si aquella "visión" no
se hubiera producido. El
cristianismo, seguramente,
habría sido perseguido y
castigado por Roma y los
cimientos de nuestra
civilización occidental no
se hubieran desarrollado tal
y como lo han hecho.
¿Alteraron los OVNIS el
desarrollo de la Historia?
Rotundamente sí. Y no ha
sido la única vez.
OVNIs en el Antiguo
Egipto
Ya con anterioridad el rey
Tutmosis III presenció estos
extraños artefactos en
Egipto. De ello da cuenta el
conocido Papiro Tulli que se
conserva en los Museos
Vaticanos, en Roma. Este
documento describe la
llegada de un círculo de
fuego en el cielo el 18 de
febrero de 1487 antes de C.
"No tenía cabeza, (aunque)
el aliento de su boca
(despedía) un olor fétido.
Su cuerpo era como una
pértiga de largo (unos 5
metros) y una pértiga de
ancho. No tenía voz". Más
adelante puede leerse: "¡Oh!
Son numerosos... Brillan más
que el Sol, en los cuatro
puntos cardinales del
cielo". El documento
traducido por el egiptólogo
Boris de Rachewiltz es parco
en detalles pero lo
suficiente para deducir que
varios objetos de origen
desconocido establecieron
contacto con los antiguos
egipcios. ¿Podemos decir que
los objetos que viajan hoy
por nuestros cielos son los
mismos que contemplaron los
antiguos en el pasado?
Para el exjesuita Salvador
Freixedo no hay la menor
duda, los "extraterrestres"
estarían llevando a cabo un
sistemático plan de
concienciación y control de
la humanidad desde tiempos
pretéritos. Andreas Faber
Kaiser llega más lejos en su
libro "El muñeco humano"
cuando sostiene que "los
legados más antiguos de
nuestra historia convergen
en una explicación lógica
para el origen de la
humanidad: una
supercivilización cósmica
nos fabricó en un pasado
remoto".
"Marcianos" en la
Prehistoria
De hecho hallamos "pruebas"
de la presencia de otros
seres avanzados en nuestro
planeta desde la más remota
antigüedad. En el desierto
Sahara, al sur de la
cordillera de Tassili,
Argelia, por ejemplo, en las
oquedades y restos de
antiguos refugios se hallan
más de cinco mil pinturas.
Henri Lhote fue el primero
en explorarlas, en 1933, y
las bautizó como "los
marcianos".
Las pinturas murales de
Tassili, situadas en una
plataforma arenosa de 800
kilómetros de longitud por
60 de ancho, contienen una
información detallada de la
vida del hombre
prehistórico, reproducen
animales con gran fidelidad,
también hombres en escenas
de caza, pero junto a ellos
extraños seres de enorme
cabeza redonda provista de
un solo ojo. Algunos
escépticos sugirieron que se
trataba de hombres con
calabazas vacías sobre sus
hombros cumpliendo algún
ritual primitivo, teoría que
carece de fundamento por el
hecho de que nunca se
cultivó este fruto en lo
alto de la meseta de Tassili.
¿Quiénes eran? ¿Por qué
guardan tal semejanza con
los modernos casos de
contacto extraterrestre?
Los dioses de Tassili tienen
sus homónimos en otras
partes de mundo. En
Australia, en España, en
Francia, pero el legado vivo
de aquellas pinturas se
halla al norte de Africa,
encarnado en la tribu de los
dogon.
Visitantes de Sirio
Los dogon viven en la
República de Malí, en el
antiguo Sudán francés y,
curiosamente, disponían
desde hace más de cinco mil
años de una información
privilegiada en referencia a
la estrella Sirio imposible
de adquirir sin los modernos
conocimientos astronómicos.
El investigador Robert
K.G.Temple sugirió que los
dogon adquirieron sus
extraordinarios
conocimientos gracias a las
revelaciones de unos
visitantes cósmicos que
procedían del sistema solar
conocida como "La estrella
perro". ¿De qué otro modo
podían saber que Sirio es un
sistema triple, es decir,
formado por tres estrellas
cuando estos conocimientos
no estarían en posesión del
hombre moderno hasta 1995?
Efectivamente, un equipo de
astrónomos franceses
descubrió, ese año, que la
estrella más brillante del
firmamento era un sistema
estelar formado por tres
estrellas y no por dos, como
sostenía la astronomía desde
mediados del siglo XIX. Lo
verdaderamente sorprendente
es que cuando en 1931 el
antropólogo francés Marcel
Griaule visitó por primera
vez a los dogon descubrió
que sus tradiciones más
sagradas hablaban de una
estrella compañera de Sirio
y de la que, incluso,
conocían el tiempo que tarda
en completar su órbita. Por
si fuera poco los dogon
sabían que es
extraordinariamente densa y
hablaban de una tercera
estrella de la que, dicen,
es mucho más ligera. Todos
estos datos han podido ser
cotejados, cinco mil años
después, por D. Benest y
J.L.Duvent quienes dedujeron
en 1995 que la nueva Sirio C
es una "enana roja"
quinientas veces menos densa
que nuestro Sol.
¿Sorprendente no?
Por si fuera poco otros
pueblos vecinos como los
Bambara, los Bozo de Segu y
los Miniaka de Kutiala
comparten idénticos
conocimientos sobre Sirio
con los dogon. "Cada
cincuenta años -explica el
investigador Javier Sierra-
cumpliendo la órbita de
Sirio B alrededor de Sirio
A, estas tribus celebran las
Fiestas Sigui, en honor a
Sigui Tolo que es como
conocen a Sirio A. Es
entonces -prosigue- cuando
elaboran complejas máscaras
de madera para celebrar la
entrada del nuevo ciclo, que
después almacenan en un
lugar sagrado desde, al
menos, el siglo XV". Con
respecto a cómo estas tribus
adquirieron tales
conocimientos Sierra añade:
"Los dogon creen en un dios
hacedor del Universo que
mandó a nuestro planeta a un
dios menor. Éste descendió a
la Tierra y trajo semillas
de plantas... Después de
crear la Tierra, las plantas
y los animales, este dios
creó la primera pareja de
humanos". Sorprendentemente
esta leyenda encaja con
otras de lugares bien
dispares lo que hace pensar
que todas partieron de un
tronco común. ¿Acaso
un acontecimiento real? Así
lo pensaban, a finales de
los cincuenta, los
escritores franceses Louis
Pauwels y Jacques Bergier
"¿Y si los más viejos textos
de la Humanidad -se
preguntaban- sagrados a
nuestros ojos, no fuesen más
que traducciones bastardas,
vulgarizaciones aventuradas,
informes de tercera mano,
recuerdos un poco
adulterados de realidades
técnicas?"
Si en el pasado,
efectivamente, la Humanidad
mantuvo contacto con seres
extraterrestres resulta
lógico pensar que,
automáticamente, aquellos
pueblos primitivos los
asociasen a espíritus o
divinidades que instruían a
los humanos.
En la literatura védica , en
un relato que se encuentra
en las estancias de Dzyan,
hallamos de nuevo alusiones
a estos "instructores"
extraterrestres y a la
"importación" de algunos
frutos, en este caso el
trigo: "Frutos y granos,
desconocidos sobre la Tierra
hasta entonces, fueron
traídos desde otras lokas
(esferas o planetas) por los
Señores de la Sabiduría". Se
da la circunstancia de que,
efectivamente, el trigo es
una gramínea con una
localización geográfica muy
restringida en su origen, en
concreto en Oriente Medio,
donde aún se puede hallar en
estado silvestre.
Precisamente allí se generó
la leyenda de Osiris, el
dios egipcio que, entre
muchas otras cosas, enseñó a
los habitantes del Valle del
Nilo a vivir en ciudades y
la agricultura. Osiris,
según la leyenda, descendió
del cielo en un "barco
volador". ¿Se trataba de un
OVNI?
El pueblo de las
estrellas
Uno de los relatos más
curiosos es, sin embargo, el
del etnólogo británico Karyl
Robin-Evans, quien en un
notable informe publicado en
el Journal of Comparative
Ethnology dio a conocer una
singular tribu del Tibet. Se
trata del pueblo de los
Dzopa –hoy exterminados- que
declaraban con vehemencia
que habían venido de las
estrellas y que esperaban
que sus hermanos del cielo
vinieran a buscarles. Los
Dzopa custodiaban una serie
de extraños objetos en forma
de disco y sabían muchas
artes extrañas. Comerciaban
con sus habilidades médicas
y con metales a cambio de
comida y lecciones de
agricultura.
Robin-Evans menciona una
celebración, conocida como
el Festival de las Cabezas,
que conmemora la supuesta
llegada del pueblo desde lo
alto del firmamento. En el
desarrollo de la ceremonia
los Dzopa hacen volar
cometas en las que han
escrito frases como: "Venid
a nosotros" o "Volved a
nuestros hermanos perdidos".
También los conquistadores
españoles hallaron numerosas
referencias a seres
superiores venidos de los
cielos. Fernando Pizarro,
que salió de Panamá y llegó
a Coaqui, perú, en 1531,
consiguió su primera y
efímera victoria gracias a
la piel blanca de sus
hombres, sus caballos y el
retumbar de los cañones. Al
parecer los indígenas les
confundieron con los "dioses
blancos" cuya presencia
coincidía con "ruidos
estruendosos y desmedidos".
También el cronista Hernán
Cortés escribe: "Poco tiempo
antes que viniésemos a la
Nueva España vieron una
señal en el cielo, que era
como verde y colorado y
redonda como una rueda de
carreta y que junto a la
señal venía otra raya y
camino de hacia donde sale
el Sol y se venía a juntar
con la raya colorada". ¿Se
referían a las naves de sus
"dioses" extraterrestres?"
El Astronauta de Palenque
Pero un notable
descubrimiento puede
despejar las dudas todavía
existentes. En el estado de
Chiapas, México, en el vasto
campo de ruinas mayas de
Palenque dominada por una
gran pirámide se levanta el
llamado Templo de las
Inscripciones. Fue allí, en
1945, donde el arqueólogo
Alberto Ruiz Lhuillier
descubrió un extraño relieve
que representa un objeto
cónico con un tubo de escape
encendido. Un sacerdote
estirado mira hacia arriba y
sostiene palancas en sus
manos. Los jeroglíficos
mayas que figuran en el
marco del dibujo del
sarcófago han sido
interpretados como el Sol,
la Luna y la Estrella Polar,
confirmando así la
interpretación cósmica del
relieve.
¿Quiénes eran estos
visitantes?, ¿Cabe pensar
que nunca nos ha abandonado?
¿Significa esto que existe
una presencia invisible pero
protectora de la Humanidad
influida por las doctrinas
que hace miles de años seres
de otros mundos legaron a
los sacerdotes antiguos? Tal
vez esta sea la razón de la
existencia de muchas
sociedades secretas quienes,
desde la más remota
antigüedad, han guardado los
conocimientos que,
presuntamente, otros seres
les trasmitieron, tal vez la
siguiente fase, en la que
nos encontramos, sea
descifrar los datos para el
contacto definitivo.
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