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El 11 de septiembre no se
estrelló un avión de
pasajeros contra el
Pentágono." Así lo aseguran
numerosos investigadores que
cuestionan las tesis
oficiales sobre los
atentados más sangrantes
jamás ocurridos. ¿Qué pasó
realmente en Washington?
¿Existió una trama oculta
detrás de los hechos? ¿Quién
se benefició de las
especulaciones bursátiles
detectadas en los días
previos a la tragedia? ¿Nos
han contado toda la verdad?
Este reportaje ofrece las
respuestas a todas estas
cuestiones.
Mohammed Atta
. Un islamista de
tomo y lomo. Un fanático. Un
musulmán de 33 años que
seguía a rajatabla la Ley
coránica, y que en nombre de
Alá estuvo durante varios
meses preparando el más
atroz de los atentados que
recuerda la Historia. Que
trazó con la frialdad del
más irracional de los
creyentes un plan meticuloso
para secuestrar un avión de
pasajeros en pleno vuelo,
modificar su ruta y
estrellarlo contra el
edificio más emblemático del
planeta. Que se había
entrenado para ello en
varias escuelas de
aeronáutica. Que no le
importaba sacrificar miles
de vidas, si era por
glorificar a su dios y a su
jefe, Osama Bin
Laden . Que ni tan
siquiera se planteó que para
lograrlo debía inmolarse… En
nombre de Alá.
Sólo dos días después de la
tragedia del 11 de
septiembre, el FBI señala la
existencia de 19 pilotos
suicidas como responsables
de los atentados, entre
quienes estaba Mohammed Atta.
De inmediato, las cábalas le
apuntan como uno de los
hombres clave de la
operación orquestada por Bin
Laden. Al parecer -siempre
según el FBI- este atento
observador de las palabras
de Mahoma había aterrizado
el día de autos en el
Aeropuerto Internacional
Logan de Boston a las
seis de la mañana. Casi dos
horas después, tal y como
recogieron las cámaras de
seguridad del aeropuerto, se
sube al vuelo 11 de
Americam Airlines con
destino a Los Ángeles. Allí
se encuentra con el resto de
secuestradores, que toman
los mandos del Boeing 767,
con 81 pasajeros a bordo, a
las 8.15 horas. Sólo cinco
minutos después, modifican
el plan de vuelo; se dirigen
hacia Nueva York; giran a la
derecha, pican con maestría
hasta situarse a tan sólo
300 metros de altura y hacen
chocar el avión contra la
torre norte del World Trade
Center… Son las 8.48 horas:
la guerra ha comenzado.
Primeras dudas
Pero esta versión -la
oficial- presenta
extraordinarios agujeros
negros. Por un lado, Atta es
un saudita del Golfo; allí,
la terrible tradición de los
terroristas suicidas ha sido
siempre defenestrada por el
imperante wahabbismo , al
contrario de lo que ocurre
con los ciudadanos árabes
del entorno palestino. Por
lo que sabemos, tampoco sus
costumbres parecen las
propias de un musulmán que
hacía del Corán su modo de
vida. Un ejemplo: cuatro
días antes del atentado se
amarraba al cuarto vodka de
la tarde en un pub próximo a
Miami, un cubata de ron
Captain Morgan con
Coca-Cola… ¿Un árabe
fundamentalista
emborrachándose un viernes,
el día sagrado?
También -a qué negarlo-
resulta sospechoso que los
secuestradores del vuelo 11
se dejaran un panfleto de
instrucciones de vuelo en el
coche junto con retratos de
Bin Laden. O que fueran
capaces de pilotar una
fortaleza ingobernable como
es un Boeing 767 durante
media hora, efectuando giros
complejos a baja altura y
dirigiéndolo como un misil
hacia las Torres Gemelas
sólo habiendo pilotado hasta
ese momento pequeñas
avionetas Piper y
Cessna . O que uno
de los pasaportes de los
suicidas hubiera sido
encontrado casi intacto el
día de los hechos entre los
escombros de las Torres
Gemelas logrando sobrevivir
a los 1.000 grados de
temperatura que durante
horas asolaron el WTC. O -y
esto ya no es una conjetura-
que su nombre, como el de
ningún otro ciudadano árabe,
no aparezca en las listas
oficiales de quienes se
subieron al vuelo 11 de
American Airlines …
El paso del tiempo quizá nos
ha hecho olvidar muchas de
las informaciones que los
medios de comunicación
ofrecieron minutos después
de la tragedia. La CNN
, por ejemplo, barajó
entre las primeras hipótesis
la posibilidad de que los
aviones suicidas hubieran
sido teledirigidos. En este
mismo sentido, el diario de
Bahrein, The Gulf News,
propuso un escenario
alternativo en clara
oposición a las versiones
oficiales. Se basaban en los
estudios del piloto de
líneas aéreas Ishaq
Kuheji , para quien
resultaba en todo punto
imposible que pilotos sin
experiencia hubieran sido
capaces de manejar los
mandos del Boeing con la
precisión de un veterano. En
su opinión, resulta más
factible pensar que los
sistemas de navegación de
los aviones fueran
programados con
anterioridad, lo cual
explicaría el por qué de las
complejas maniobras
efectuadas por los aviones
antes de chocar contra las
torres gemelas.
El Pentágono,
derribado; Interrogantes, en
pie
Pero si los atentados de
Nueva York presentan dudas
más que inquietantes, el
ocurrido en el Pentágono es
hoy por hoy un auténtico
pozo de incoherencias. En el
momento de escribir estas
líneas, un fenómeno
editorial sin precedentes
"invade" Francia. Allí acaba
de publicarse el libro
La terrible impostura ,
de Thierry Meyssan
, el responsable de
la organización crítica
Red Voltaire , formada
por políticos, periodistas,
intelectuales y
profesionales de diversos
campos. Meyssan y su grupo
se han caracterizado siempre
por su defensa de los
derechos humanos y por su
oposición a los poderes
establecidos cuando estos
ocultan al pueblo la verdad
sobre los hechos. Entre
otros logros, a Meyssan se
debe el fin del asalto
político que llevó al
ultraderechista Le
Pen a cosechar
éxitos electorales.
Meyssan, en su polémico
libro, expone una serie de
pruebas que ponen en jaque
las versiones oficiales
sobre los hechos del 11 de
septiembre de 2001. Asegura
en el libro que detrás de
los atentados -amén de Bin
Laden y sus socios- podrían
encontrarse determinados
órganos del entablisment
político y militar de los
Estados Unidos. Las críticas
no se han hecho esperar. La
gran prensa ha sido muy
beligerante con él, y las
autoridades políticas
norteamericanas han
recurrido al manual del
descrédito para
desautorizarle. Sin embargo,
sus sospechas tienen
fundamento: "Esa fuerza
inmisericorde han dejado,
sin embargo, en pie la casi
totalidad de interrogantes
que ha suscitado el 11 de
septiembre y que es
imperativo contestar" ,
escribía el columnista de
El País
José Vidal-Beneyto
el pasado 6 de abril a
propósito de La terrible
impostura , que vendió
120.000 ejemplares en pocos
días.
Nuestra investigación
arrancó el pasado 7 de
marzo. Ese día, la cadena
NBC daba a conocer
la filmación del atentado
contra el Pentágono. La
secuencia, de cinco
fotogramas, muestra cómo una
terrible explosión se
produce en la base del
edificio. En un principio,
las informaciones aluden a
que fuentes del FBI dieron a
conocer las imágenes. Luego
se sabrá que no: alguien las
filtró sin autorización…
¿Por qué? La razón podría
esconderse en la misma
secuencia, en la cual no se
observa ningún avión de
pasajeros chocando contra el
emblemático edificio. Sólo
tras visionar la filmación
repetidas veces se observa
cómo a ras de suelo, un
pequeño objeto alargado de
pocos metros de longitud, se
aproxima al edificio un
instante antes de alcanzarlo
originando la explosión. Sin
duda, no es un Boeing… Pero,
¿de qué se trata?
Al observar la filmación,
decidí investigar.
Ciertamente, y casualmente,
sólo unos días antes de que
se filtrara -los indicios
apuntan al seno del
Departamento de Defensa- la
filmación, Thierry Meyssan
ya había mostrado una serie
de pruebas que parecían
poner en solfa la versión
oficial del incidente.
Diversas fotografías que se
convirtieron en argumento de
peso para sostener sus
tesis.
Los testigos del
atentado
Pero vayamos por partes.
Cuando las dudas sobre los
hechos del Pentágono
emergieron -seis meses
después de la tragedia-
decidí rescatar el inmenso
archivo documental que reuní
sobre los atentados. En
concreto, centré la búsqueda
en las informaciones que se
ofrecieron minutos y horas
después de los sucesos. Y en
ellas hemos encontrado
pistas más que sospechosas.
Recordará el lector que
cuando se produjo el
atentado sobre el Pentágono
-a las 9.43 horas de la
mañana- el planeta llevaba
una hora estremecido con las
imágenes del Word Trade
Center. Los primeros
teletipos informaban no del
estrellamiento de un avión,
sino de una explosión en el
interior del Pentágono.
Luego se hablaría de dos
deflagraciones, e incluso de
un camión-bomba. La
existencia de un avión
involucrado sólo aparece una
hora después de los hechos,
cuando la cadena de
televisión ABC
alude a un testigo que
observó "un pequeño
avión sobrevolando el
Pentágono." Sólo
entonces, esta tesis cobra
fuerza y se recuerda que a
las 9.10 horas se había
perdido el rastro de un
avión que había despegado
desde el aeropuerto Dulles
de Washington rumbo a Los
Ángeles. Al parecer -según
informaciones posteriores-
el avión dio media vuelta
cuando se encontraba sobre
Ohio, dirigiéndose de nuevo
hacia la capital. En ese
momento, se pedió su señal
por radar.
Sin embargo, los testigos
del incidente de Washington
brillan por su ausencia.
Katty Kay ,
corresponsal en la capital
de Estados Unidos del diario
The Times , es
quien recoge los primeros
testimonios. Uno de ellos es
el de Alan Graham
, que estaba
aparcando su coche a 300
metros del gigantesco
edificio cuando "oí un
tremendo ruido; pensé que se
trataba de un avión que
pasaba sobre mi coche hacia
el aeropuerto." Pero
Graham sólo oyó el avión… No
lo vió.
Tampoco observó el supuesto
avión otro de los testigos
presenciales, el asesor del
Partido Demócrata
Paul Begala :
"Ví una gran bola de fuego
anaranjada" , diría.
"Como la estela de un
avión" , añadiría
Dave Winslow
, reportero de la
agencia de noticias
Associated Pess .
Ninguno de ellos -insisto-
vio un avión… Y quienes lo
vieron, no dudan en
calificarlo de "pequeño",
como informaría un testigo
ocular a la ABC. Otro,
Michael Kelly
, explicaría a la
cadena competidora -la
CBS - lo siguiente:
"Ví un avión que venía por
encima, a muy baja altura, y
lo próximo que vi fue una
tremenda explosión. Era un
avión pequeño" . Lo que
no pudo precisar es si ese
avión impactó o no contra el
edificio; nadie asistió a
esa escena. Ni siquiera un
testigo perfectamente
ubicado, el periodista
español Javier
Sierra (no
confundir con el antiguo
coordinador internacional de
Año/Cero y actual
director de Más Allá).
Sierra se encontraba junto
al río Potomac, tomando un
café en una terraza y
leyendo la prensa:
"Absorto en mi lectura,
pasaron los minutos casi sin
enterarme. De repente, oí el
ruido efímero de motores de
avión, seguido de una enorme
explosión que conmocionó a
personas y objetos por
igual. Me asomé hacia la
derecha y vi una bola de
fuego naranja mezclada con
una espesa nube de humo
negro levantarse sobre lo
que todos sabíamos que era
el Pentágono." Sin
embargo, tampoco fue testigo
directo del impacto del
avión. Sencillamente, no los
hubo.
De acuerdo a la versión
oficial, en un principio, el
avión parecía dirigirse
hacia la Casa Blanca. Sin
embargo, prosiguió su rumbo
-en dirección hacia la cara
del Pentágono en donde se
encuentran las oficinas de
los altos cargos- y al
superar el río Potomac
efectuó un giro para
estrellarse en la cara
opuesta, justo en un sector
del edificio que
casualmente, en contra de lo
que afirmaban las primeras
informaciones, estaba
prácticamente desocupado,
puesto que había sido
reformado recientemente y
los funcionarios aún no se
habían ubicado en las
oficinas.
Pero un análisis crítico de
los hechos vuelve
-nuevamente- a traicionar la
versión oficial. De acuerdo
a los datos ofrecidos por el
Gobierno de los Estados
Unidos, el avión efectuó
tras sobrevolar el río un
giro de 180 grados… a casi
700 kilómetros por hora de
velocidad. Así pues, esta
maniobra se habría realizado
a 10 G, una aceleración en
contra de la gravedad que no
puede ser asumida por piloto
alguno. Para que nos hagamos
una idea, un F-16 puede
ejecutar maniobras de hasta
9 G, el límite de lo que
soporta un cuerpo humano. Un
Boeing, claro está, no puede
emular tal maniobra y, mucho
menos, un piloto sin
experiencia. "Además, la
maniobra, según los pilotos
consultados, habría hecho
perder al piloto el mando
del avión" , asegura
Joe Vials ,
un investigador privado que
ha estudiado los hechos del
pasado 11 de septiembre,
concluyendo que es harto
improbable pensar que el
piloto suicida, tras el
brusco giro, hubiera sido
capaz de enfilar el
Pentágono a baja altura en
una maniobra de aterrizaje,
cuando según el FBI fueron
precisamente los aterrizajes
y despegues lo que menos
importaba a los suicidas
cuando se instruyeron en
escuelas de vuelo.
Casualmente, el único
testigo de los
acontecimientos que narra
una versión coincidente con
la oficial es el capitán del
Ejército Lincoln
Liebner . Aseguró
horas después de los hechos
que vio el avión de Americam
Airlines, que primero chocó
contra un helicóptero y
luego contra el Pentágono.
Nada de esto, sin embargo,
se observa en la filmación
de los hechos…
Pero las pruebas más
rotundas a este respecto -y
en las que Thierry Meyssan-
sostiene sus dudas, son las
fotográficas. De los
análisis de las imágenes se
deducen las siguientes
conclusiones:
Primero-. En un principio,
se informó que el impacto
del avión había afectado a
cuatro de los cinco anillos
del Pentágono (el edificio
está formado por cinco
pentágonos concéntricos, a
cual de ma yo r perímetro).
Dicha información no es
verídica, pues las imágenes
muestran que sólo el primer
anillo quedó colapsado o
derrumbado. La otra parte
del edificio dañada lo fue
por culpa del posterior
incendio.
Segundo-. El impacto de un
avión de cientos de
toneladas debería haber
provocado el derrumbe de la
fachada. De hecho, en las
imágenes ofrecidas por los
medios de comunicación, el
lugar del impacto aparece
derruido. Sin embargo, el
colapso se produjo por
acción del incendio
posterior y no a causa del
impacto. Las primeras
imágenes muestran el sector
afectado por el presunto
impacto en pie. No hay en
dichas imágenes más que
daños estructurales
exteriores y focos ígneos.
Pero el edificio -insisto-
quedó en pie tras la
explosión. Es más: el Boeing
757 que se habría estrellado
mide 13, 6 m. de altura, y
sin embargo, en las imágenes
tomadas tras el suceso, sólo
la primera planta -de cinco
metros de altura- parece
afectada, cuando el
epicentro del impresionante
golpe debería haberse
producido como mínimo entre
la segunda y tercera planta.
Tercero-. El sector dañado
por el impacto o la
explosión mide 19 metros de
ancho y 15 de profundidad.
Sin embargo, la envergadura
del Boeing que se habría
estrellado es de 38 metros y
su longitud de más de 47. Es
difícil comprender que una
fortaleza de tales
características hubiera
provocado un desperfecto tan
pequeño. En todo caso, si el
avión hubiera chocado sin
penetrar en el edificio como
sí lo hicieron los que
impactaron contra las torres
gemelas, miles de toneladas
de fuselaje habrían quedado
esparcidas. No se encontró,
sin embargo, pieza de
fuselaje alguno: "Para
decirlo de otra forma no hay
trozos del fuselaje, ni nada
parecido. Saben, preferiría
no hablar del tema, tenemos
numerosos testigos oculares,
que están en capacidad de
informarles en cuanto a lo
que pasó con el aparato al
acercarse. Por lo tanto no
sabemos" , señaló al
día siguiente de los hechos
Ed Plauger
, capitán de bomberos que
comandó las operaciones de
rescate.
Cuarto-. De haber llegado a
ras de suelo, el Boeing, en
el terreno colindante al
sector del Pentágono en
donde se produjo el
incidente, la hierba habría
quedado en mero recuerdo y
todo alrededor estaría
arrasado. En las
fotografías, apenas se
observa nada. Es más,
Meyssan señala que dichas
imágenes "muestran cómo
sobre la hierba intacta se
vertieron toneladas de
tierra… ¿por qué?" El
investigador francés
sospecha que para ocultar
pruebas…
Pero… ¿Qué habría
ocurrido con el avión?
Todos los indicios
apuntan a que no se estrelló
un Boeing contra el
Pentágono. Sin embargo, los
pasajeros del vuelo 77 de
American Airlines
fallecieron, y esto también
está claro. Entonces, ¿qué
ocurrió con el avión?
Veamos. Se sabe que las
anomalías en los vuelos
fueron detectadas desde poco
después de producirse los
secuestros. De hecho, el
cuarto vuelo en cuestión, el
93 de United Airlines
, teóricamente se
estrelló en Pennsilvannia
tras una rebelión a bordo de
los pasajeros contra los
secuestradores. Sin embargo,
la caída del avión se
produjo después de que se
diera la orden ejecutiva de
abatir cualquier avión en
vuelo, puesto que tras los
atentados de las torres
gemelas se tomó la decisión
de suspender todos los que
ocupaban espacio aéreo
norteamericano. La
posibilidad de que el vuelo
93 hubiera sido abatido por
los F-16 que partieron de
sus bases es más que una
sospecha. De hecho, sólo con
repesar los acontecimientos
de aquel día nos damos
cuenta de que se informó
sobre la intercepción en
vuelo del avión…
Evidentemente, la decisión
de abatir el avión -con 45
personas a bordo- que
presumiblemente tenía por
objeto provocar una nueva
tragedia, si de por sí es
difícil de tomar, más
difícil es -aún siendo
comprensible- de admitir
públicamente.
¿Acaso ocurrió lo mismo con
el vuelo 77? El avión podría
haber sido abatido sobre las
miles de hectáreas
despobladas que existen
cerca de Washington y que
por motivos de seguridad no
pueden ser sobrevoladas por
aeronave alguna y que están
restringidas al público.
Nadie se habría dado cuenta
de ello. Es más, las dos
llamadas que hizo a su
marido Barbara Olson
, comentarista de
la CNN que viajaba
en el avión, están en
entredicho, según atestigua
Joe Vials. De hecho, parece
que no hay pruebas de
registro alguno de que se
hubieran producido. Es más,
según diversas informaciones
oficiales, dichas llamadas
fueron efectuadas al
procurador general
Ted Olson desde el
teléfono público del avión.
Sin embargo, en el momento
de ser realizadas el avión
debería se encontraba por
debajo del techo de
cobertura para este tipo de
llamadas… Siendo dichas
comunicaciones técnicamente
imposibles, cabe preguntarse
si de verdad se produjeron.
Joe Vials y otros estudiosos
sospechan que,
probablemente, un misil pudo
provocar el suceso del
Pentágono. De hecho, los
testimonios visuales que
hablan de un objeto en
llamas o de una estela -e
incluso el ruido
ensordecedor propio de los
misiles- encajan con esta
versión de los hechos.
También el impacto de un
misil -de pocos metros de
longitud- se ajustaría al
destrozo provocado en la
fachada del Pentágono y con
lo que se observa -un
pequeño objeto alargado- en
la filmación filtrada el
pasado 7 de marzo.
En definitiva, la hipótesis
del misil parece mucho más
ajustada a las pruebas
existentes que la del avión
de pasajeros. Eso sí, sólo
faltaría saber si dicho
misil impactó de forma
accidental contra el
Pentágono o si, por el
contrario, fue algo
intencionado con objeto de
edificar una hipótesis
alternativa para desviar la
atención de los medios sobre
el derribo intencionado del
vuelo 77… A fin de cuentas,
podrían argumentar,
despojándose de escrúpulos
los defensores de esta
última posibilidad, que muy
pocas personas fallecieron
en el interior del
Pentágono… Las primeras
informaciones hablaban de
siete heridos, luego de ocho
muertos y finalmente de 800,
pero hoy por hoy,
oficialmente, se trató sólo
de medio centenar.
Una trama financiera
precedió a los atentados
Ralph Shoenman
, quien fuera
secretario personal de
Bertrand Russell
y quien tuviera una
participación directa en la
investigación del fiscal
Jim Garrison
cuando éste quiso
demostrar la participación
de un sector del poder
político en la muerte de
Kennedy ,
es uno de los estudiosos que
con más interés ha indagado
en los hechos del 11 de
septiembre de 2001. Asegura
que el gobierno de los
Estados Unidos "bajó la
guardia" en las horas
previas a los atentados para
facilitar las acciones de
los terroristas. E indica
que el objetivo no era otro
más que facilitar con la
subsiguiente reacción -el
ataque a Afganistán- los
intereses económicos de
Estados Unidos en el
exterior, y de paso, los
particulares del clan
familiar del presidente
George Bush Jr
.
Thierry Meyssan baraja la
misma tesis, sin dejar de
considerar que el suceso del
Pentágono pudo haber sido
provocado directamente por
un sector del ejército
sirviendo oscuros intereses.
Sin embargo, su propuesta
-una bomba- ha perdido peso
con la aparición de la
filmación antes citada. Sin
embargo, el fondo de las
cuestiones que plantea sigue
en pie. De hecho, el
colectivo que dirige
presentó el 16 de noviembre
un demoledor informe que
nadie hasta ahora ha sido
capaz de debatir y que
demuestra la existencia de
una trama financiera previa
a los acontecimientos del 11
de septiembre.
Seis días antes, las
acciones de United
Airlines y American
Airlines , las
compañías aéreas cu yo s
aviones fueron secuestrados,
perdieron de un tirón
respectivamente el 42 y el
39 por ciento de su valor.
Además, las opciones de
compra sobre los valores de
empresas asentadas en el WTC
como Mogan Stanley
o Merrill Lynch & Co.
se multiplicaron por 12
y por 25 respectivamente.
Según denunciaría días
después de los hechos de
Nueva York y Washington la
Comisión de Control de
Operaciones Bursátiles de
Chicago, la operación
reportó a los "iniciados",
que es como dicha comisión
denomina a quienes poseen
información privilegiada
para operar en bolsa, más de
16 millones de de dólares de
beneficio. Si los datos se
extienden al resto de
compañías afectadas que
vivieron sobresaltos en sus
acciones en los días previos
a los atentados, los
beneficios alcanzan varios
cientos de millones: "Es
el más importante delito por
aprovechamiento ilícito de
informaciones privilegiadas
jamás registrado" ,
indicó en su informe la
Organización Internacional
de Comisiones de Valores
(IOSCPO).
De inmediato, las sospechas
se centraron en Bin Laden y
su productivo entramado
financiero: él mismo se
habría beneficiado de los
atentados. Pronto se
descubrió que la sociedad
Alex Brown había
gestionado la ma yo r parte
de las operaciones que
tantos dividendos
proporcionó a los
"iniciados", cu yo s nombres
quedaron protegidos como
consecuencia del modo en que
se efectuaron las maniobras.
Pocos después, el FBI fue
apartado de las
investigaciones oficiales
para aclarar el hecho… ¿Por
qué?
La Red Voltaire
parece haber dado con la
respuesta. El grupo Alex
Brown está gobernado
por el capitán
Krongard ,
actualmente el número tres
de la CIA. Por su parte, la
participación ma yo ritaria
en Carlyle
corresponde al grupo
United Defence Industries
, undécimo vendedor de
armas en el mundo y a cu yo
mando está el clan del
presidente Bush. Además, y
por si fuera poco, Meyssan
ha demostrado la existencia
de vínculos comerciales muy
estrechos y actuales entre
la familia Bush y el
Saudí Bin Laden Group ,
la ma yo r empresa de Arabia
Saudí, fundada y dirigida
por el clan familiar de Bin
Laden. De hecho, no deja de
ser llamativo que el
patriarca del clan
falleciera en 1988 en un
misterioso accidente aéreo a
bordo de un avión en el cual
George Bush
padre había montado en
numerosas ocasiones para
gestionar su devenir
económico. Hoy, Bush Sr.
seguiría mandando en
Carlyle . La
investigación ha llegado a
una conclusión terrible:
"George Bush padre, podría
ser, entonces, uno de los
afortunados beneficiarios de
las maniobras bursátiles
ligadas a los atentados del
11 de septiembre" ,
concluye el informe francés.
Además, cabe recordar que en
1996 el Departamento de
Energía de los Estados
Unidos elevó informes sobre
la idoneidad de construir un
oleoducto que atravesara
Afganistán y el resto de
Asia Central para
transportar petróleo desde
la cuenca del Caspio al
resto de Asia. Dos años
después, se vuelve a
insistir en esa imperiosa
necesidad. En Turkmenistán y
Pakistán parecen dispuestos
entonces a favorecer los
intereses petrolíferos de
Estados Unidos, algunas de
cuyas ma yo res empresas del
sector están dirigidas por
George Bush padre. Quienes
sí parecen más opuestos a
los intereses
norteamericanos son los
afganos del régimen talibán,
hasta entonces afín a
Estados Unidos. De hecho,
está documentado que Bin
Laden y sus combatientes
fueron entrenados por la CIA
a través de los servicios
secretos pakistaníes para
liberar al país del dominio
soviético. Pero a partir de
entonces, la situación
cambia de forma radical. A
mediados de 2001, el
secretario de asuntos
exteriores de Pakistán,
Niaz Naik
especula con una posible
intervención norteamericana
en Afganistán que abriría el
paso al oleoducto. Y predice
que dicho ataque podría
tener lugar en los últimos
meses del año…
En este mismo sentido, no
deja de ser sospechosa otra
de las revelaciones que hace
Thierry Meyssan. Al parecer,
en julio de 2001, la cuenta
bancaria del supuesto
terrorista Mohamed Atta
engorda en 100.000 dólares.
La transferencia, de acuerdo
al diario Times de
la India, la efectúa el
general Ahmed Mahmud
… el director de
los servicios secretos
pakistaníes.
Bajo esta perspectiva, los
sucesos del 11 de septiembre
se antojan como orquestados
desde el interior del
entablishment
norteamericano. Las empresas
petrolíferas y
armamentísticas de los
Estados Unidos resultaron
ser las más beneficiadas con
la tragedia, puesto que el
ataque terrorista -repleto
de sombras y preguntas sin
responder- desencadenó una
guerra que favoreció los
mentados intereses. Además,
la trama financiera hinchó
los dividendos de las
compañías participadas por
los Bush. Con todos estos
datos -y otros muchos en la
misma línea que por
cuestiones de espacio
resulta imposible exponer-
las dudas parecen más que
justificadas… ¿Sabremos
algún día qué hubo detrás de
los atentados del 11 de
septiembre de 2001?
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